Uno.
El Capitan Pedro Gronardo
era práctico del Río
de la Plata aún antes
de fundarse la ciudad de Montevideo.
Durante años recorrió
con sus embarcaciones nuestro
río, al que conocía
palmo a palmo.
Era natural de Buenos Aires,
donde residía, y andaba
con frecuencia por nuestras
costas porque acostumbraba
embarcar cueros vacunos en
la desembocadura del Santa
Lucía, por cuenta de
exportadores porteños.
Un día de 1723 navegaba
como tantas veces por el Río
de la Plata, cuando, al cruzar
por frente a la bahía
de Montevideo, descubrió
en tierra algo desusado; sobre
aquella península que
el sabía deshabitada,
se veian unos hombres que
iban y venian atareados.
Y amarradas contra la orilla,
algunas naves con sus velas
arriadas.
Gronardo quiso indagar que
era aquello.
Arrimó su embarcación
a la costa y comprobó
que se trataba de tropa portuguesa
allí acampada.
Regresó a Buenos Aires
con la novedad, sin sospechar
las enormes derivaciones históricas
que tendría su aviso:
acababa de precipitar la fundación
de Montevideo.
En efecto, Zabala, enterado
de la presencia portuguesa
en nuestra península,
ya no pudo desoir mas el insistente
mandato que desde hacía
meses recibía del Rey
de España, Felipe V,
para que fundara en aquel
punto una ciudad, en previsión,
precisamente, de nuevas incursiones
lusitanas.
Así que dispuso rapidamente
el envío de una fuerza
militar considerable, ante
cuya proximidad el intruso
portugués se retiró
sin disparar un solo tiro.
Zabala fundó entonces,
por fin, Montevideo.
Y lo hizo acuciado por el
aviso del marino.
Dos.
Meses despues, este capitán
Gronardo, aparece radicado
en la nueva ciudad recien
establecida.
Sin perjuicio de seguir desempeñándose
como práctico de río,
Gronardo se instala en Montevideo
y abre una pulpería,
la primera con la que contó
nuestra ciudad y la única
con la que contara por algun
tiempo.
De este modo, el capitán
vuelve a hacerse recordable
por inaugurar entre nosotros
la pródiga raza de
los pulperos, bolicheros y
afines, de la que viene a
ser algo así como el
fundador, patrono o piedra
fundamental.
Y para establecerse con esta
pulpería, Gronardo
se asocia con un francés,
temprano residente, como él,
de este Montevideo:
Jerónimo Eustache,
conocido familiarmente como
Pistolete.
Juntos levantarán la
que será la primera
o una de las primeras construcciones
de importancia que se verán
en San Felipe y Santiago:
en medio de aquellas chozas
de cuero y pieles, que no
otra cosa eran las primeras
casas de la flamante ciudad,
a veces inclusive meras techumbres
mal sostenidas, los dos socios
edifican un pequeño
rancho de adobe - que les
fabrica el artillero Juan
de Flandes -, y que cuenta
con puerta de una hoja y techo
de cueros.
Casi una mansión de
lujo, comparativamente.
Y aquel primer negocio montevideano
se ve pronto concurrido por
los soldados de la guarnición,
los faeneros de corambre,
del sebo, de la grasa, los
hombres de campo y sus peones,
que ven en aquella pulpería
un aliviante oasis en medio
de la absoluta soledad del
precario medio al que se habían
allegado.
Pero no se piense que aquella
pulpería era solamente
expendio de bebidas.
Mas bien se parecía
a lo que fueron después
en Campaña los "almacenes
de ramos generales".
Allí se vendía
de todo lo imaginable.
Se ha conservado un precioso
documento para interiorizarnos
de usos y modalidades del
vivir cotidiano de aquellas
gentes:
El inventario de los bienes
existentes en el establecimiento
de Gronardo y Pistolete.
Entre la mercadería
depositada encontramos pañuelos
de seda, medias de lana, casacas
de castor forradas de sarga,
cuchillos de cabo labrado,
platos de postre y medianos,
sombreros, espejos, botones
de metal con piedras falsas,
tijeras grandes, peines de
marfil, zapatos de vaqueta,
frascos de aguardiente, baules
de madera, panes de jabón,
frasqueras con frascos, hachas,
barriles vacíos, calderas
de cobre, tachos grandes de
cobre, tinas, ollas de hierro
fundido, chocolateras, sartenes
de fierro, balanzas, fuentes,
asadores, paquetes de tabaco,
bolsas de sebo, colchones,
frazadas, almohadas, hamacas
de algodón, martillos,
pasadores de fierro, espuelas
de fierro, saleros de cristal,
clavos, tablas de canoa, cuadernillos
de papel blanco, mazos de
hilo de diferentes colores,
juegos de cubiertos de plata,
y un sinfín de artículos
mas que dan la pauta de lo
surtido que era aquel primer
almacén que tuvimos
en San Felipe y Santiago,
por iniciativa del patriarca
Gronardo.
Tres.
Pero algún "mal
de ojo" debía
tener aquella pulpería.
Apenas transcurren unos meses
de fundado Montevideo, y un
día el socio Pistolete
muere ahogado en el río
Santa Lucía; y tan
solo pocas semanas después
lo sigue el propio capitan
Gronardo, víctima de
la explosión de un
cañon ocurrida a bordo
de un navío inglés
que el mismo conducía
por el río en calidad
y en cumplimiento de su tarea
de práctico, en enero
de 1727.
De ese modo, Gronardo vuelve
a ganarse una mención
en los anales de Montevideo,
por un hecho sin duda involuntario:
si no fue el muerto inaugural,
fue al menos uno de los primerísimos
que tuvo nuestra ciudad, a
tan poquito tiempo de fundada.
Cuatro.
Pero no terminó allí
todavía su notoriedad.
A su muerte, la pulpería
es tasada en 150 patacones
fuertes y se la destina a
domicilio del cirujano de
las tropas, Diego Francisco
Mario.
Pero tres años mas
tarde, ocurre algo capital
en la vida de nuestra Ciudad:
Zabala estima que ya es hora
de que Montevideo tenga sus
propias autoridades civiles,
y constituye el Primer Cabildo
con vecinos afincados.
Los designa, los reúne,
les dá posesión
de sus cargos, pero falta
encontrarle sede a la nueva
corporación.
Millán, en su reparto
de solares de la Nochebuena
de 1726, había reservado
un terreno céntrico
para edificar allí,
algun día, el Cabildo
de la ciudad.
Pero cuanto tiempo transcurriría
antes de que aquel primer
Montevideo casi en total indigencia
y pobreza pudiera fabricarse
una casa aparente para nuestros
regidores?
Ante esa incertidumbre, se
optó con sensatéz
por utilizar lo que existiese
en pie.
Y la única casa presentable
era la ex pulpería
de Gronardo.
De ella echo mano Zabala para
que se realizaran allí
las Juntas del Ayuntamiento
y Acuerdos Capitulares, hasta
tanto no se construyera el
edificio definitivo.
Y de este modo, por cuarta,
y creo que última vez,
el Capitán Pedro Gronardo,
sin haber jamás realizado
un acto saliente o distinguido,
vuelve a colocar su nombre
a figurar en la memoria de
nuestro querido Montevideo,
quedando nuevamente y para
siempre vinculado a aquellos
tempranos días de la
fundación.
"Boulevard
Sarandí" de Milton
Schinca.
(Los días de la fundación
y la colonia - 1726-1805)
Anécdotas, gentes,
sucesos del pasado montevideano.